Todo buen evento que se precie alberga un instante en el que deja de ser una simple promesa para convertirse en toda una experiencia. Cuando llega, se hace notar. Puede que ocurra durante el encendido de las luces o quizá es el murmullo del público convertido en aplauso compartido lo que evidencia este cambio. Lo que está claro es que mientras suenan los primeros acordes en el escenario principal de la vigésima edición del festival Bilbao BBK Live, ese sentimiento ya es una realidad. Y qué importa el motivo, si el resultado es una primera jornada cargada de música, emoción y, por qué no decirlo, talento.
Una jornada, a la vista queda, marcada por el indie de Dani Fernández, el pop de Belén Aguilera y hasta ese folk de Paris Paloma. Con la noche ya acechando el monte bilbaíno, los escenarios dejan paso a nuevas figuras. Es el caso de Tahliah Debrett Barnett, aunque muy pocos la conocen así. ¿Cuál es su nombre? Solo hay que escuchar a la multitud gritar y vitorear para conocerlo. La artista que ahora rezuma confianza y seguridad en sí misma sobre el escenario principal no es otra que FKA Twigs. Y si eso no era indicador suficiente, los primeros acordes de su canción -o más que eso, himno- ya desvelan su identidad al completo frente a la multitud del Bilbao BBK Live.
Los datos sitúan la cifra de asistentes previstos en este aniversario de la cita superando los 100.000. Parece un número descomunal. No lo es. Eso se hace mucho más visible durante el espectáculo de la británica. Cámaras en mano, todos esperan ya la salida de la compositora y productora británica. Porque, aunque el festival se estira hasta la madrugada del 12 de julio, solo hay una oportunidad para captar a esta icónica artista. Sobre el escenario, una cama. Y ese meta angel con el que abre no se hace esperar demasiado.
Los bailarines salen de debajo de la cama, mientras unos estruendosos altavoces transmiten la melodiosa voz de la también actriz. Poco a poco, esa luz se transforma en oscuridad en una verdadera rave de sentimientos. Ruido. Mucho ruido, y un universo de baile que prueba que esa esencia de su último disco sigue más que intacta. El escenario se llena de atrezzo, de cadenas, de látigos. Pasan muchas cosas a la vez. Un armario se abre. Cambios de vestimenta. Uno, dos. ¿Más bailarines? Y de pronto un "Buenas noches ¿Qué pasa, Bilbao?", en un sorprendentemente fluido castellano. Caos. Descontrol. Y unos riffs imposibles de recrear.
Uno a uno, los temas de Eusexua Afterglow y Caprisongs se suceden sin descanso, mientras un público internacional siente esos ritmos dentro de su cuerpo. Papi bones, tears in the club, sushi, Perfectly y muchos otros títulos. Y todos con el mismo objetivo: describir con urgencia el estado eufórico al que transporta la música. Canta On your Mind. Es su último sencillo. Ese que compuso después de no poder tocar en el Coachella, ese que igual no ha calado del todo entre el público. ¿O quizá sí? Contra todo pronóstico, este sonido tan único no es tan conocido como cabría esperar entre la gran mayoría de sus asistentes.
Más ropa -¿o menos?- mientras la diva del baile y la música electrónica lo da todo en el escenario principal. Toda una fiesta durante la hora y pico de su actuación. Y como hay tiempo para todo, también lo hay para la calma. Por eso cierra con Cellophane en un lenguaje más que íntimo. Con la lluvia empezando a caer, qué broche final para FKA Twigs.
La música no entiende de idiomas ni de fronteras y eso queda claro con FKA Twigs, la artista que cerró el cartel del festival con más de 80 invitados. Por eso ya hay quien opina que "ha sido el mejor concierto de toda la jornada". Y no se equivocan. Ruido. Mucho ruido. Y en medio de todo este caos, la artista británica deja el listón muy alto para el segundo día de este Bilbao BBK Live.