«Sí, lo sé. Espero que mi vida y todas mis vivencias sirvan de inspiración, especialmente para los jóvenes. Demuestra que contar con la ayuda de quienes te rodean marca una gran diferencia», responde Yeman Crippa (Dessie, Etiopía, 1997) desde el otro lado de la pantalla, consciente él, uno de los mejores maratonianos del mundo, de lo asombroso de todo lo que le ha ocurrido. Una existencia de película desde que una pareja milanesa, Roberto y Luisa Crippa, viajaron en 2001 a Addis Abeba con la idea de adoptar a un niño de un orfanato y acabaron llevándose a Trento a Yemaneberhan (que significa en arameo «brazo derecho de Dios»), a sus cinco hermanos y a tres de sus primos, huérfanos todos por la muerte de sus padres durante la guerra entre Eritrea y Etiopía.
Yeman, que este domingo afronta entre los favoritos su debut en Nueva York, «el maratón más emblemático del mundo», pasó del trauma de su infancia en África, del que poco recuerda -«jugar con las vacas, escondernos y correr por todas partes»-, a un pequeño pueblo de los Alpes, en el Trentino, a una casa de madera y piedra a 1.200 metros sobre el nivel del mar. Donde se imaginó como una estrella del fútbol -«al principio no me gustaba mucho correr, quería ser futbolista»- y se fue desarrollando como un atleta de elite cuando fue descubierto por el club local, el Atlético Valchiese, tras ganar una carrera con su colegio. Primero en el cross (dos veces campeón de Europa sub 20), después también en la pista, campeón de Europa de 10.000 metros en Berlín 2022 y de Medio Maratón dos años después en Roma.
Crippa, que en las calles de Nueva York buscará las mismas buenas sensaciones que le llevaron el pasado mes de abril a conquistar el maratón de París (2:05.18) -«no siempre fue así, tuve dos abandonos (Mundial de Tokio y Londres) y un resultado no muy bueno en Valencia», reconoce sobre su complicado salto, lastrado por problemas estomacales «ya superados»-, mira atrás sin complejos. «Mi historia corre conmigo. Mi vida cambió drásticamente. Tras quedar huérfano, fui adoptado y llevado a Italia, donde comenzó una nueva etapa. Tengo muy presente mi estancia en el orfanato, aunque he olvidado muchos detalles. En Trento empezó una vida totalmente distinta», pronuncia, rompiéndose en elogios hacia sus padres: «Son una figura fundamental, me brindaron la oportunidad de comenzar de nuevo. En el plano deportivo, su empeño fue clave. Estoy muy orgulloso. Ellos me dieron todas las facilidades. No sólo me ofrecieron una nueva vida, sino que también me apoyaron en la trayectoria deportiva. Y fue clave para alcanzar el máximo nivel en mi disciplina».
Con los colores de Italia y de la marca ON, que apostó hace tiempo por él, Yeman alcanzó la gloria deportiva. Aunque África sigue en él. No ha vuelto mucho por su país natal, pero sí acude con frecuencia a Iten, donde realiza sus trainings camps a más de 2.000 metros de altitud. «Cuando paso por Etiopía, aunque sea sólo en una escala, siento en mi corazón que es mi hogar. Una sensación extraña, me siento como en casa. Es cierto que, con el paso de los años, sobre todo porque todos mis hermanos y primos fueron adoptados en Italia, he perdido un poco el vínculo con Etiopía. Sin embargo, en Kenia he encontrado un segundo hogar. Allí tengo todo lo necesario para entrenar. Me encanta ir allí», explica.
Esa historia vital marca a uno de los mejores fondistas del mundo, que tiene en Los Ángeles 2028 su gran objetivo. En Nueva York, con 30 años recién cumplidos, buscará consolidarse en la distancia. «No es una carrera diseñada para buscar tiempos rápidos, no es un maratón convencional en ese sentido. Sobre todo porque no hay pacemakers (liebres) y el grupo no suele marcar un ritmo constante desde los primeros kilómetros. Todos empiezan juntos y se mantienen juntos hasta más de la mitad, y entonces empieza la presión. Todo dependerá de cómo se desarrolle la carrera. Yo prefiero competir así, cara a cara. Me gusta. No me centro en el crono, sino en la posición: mi objetivo es terminar entre los cinco o seis primeros. Si todo sale a la perfección ese día, intentaré subir al podio», detalla quien posee 10 récords nacionales italianos, incluyendo los de 3.000, 5.000, 10.000 metros, cinco y 10 kilómetros en ruta, media maratón y maratón
Después se focalizará en el Mundial de Pekín, en quitarse la espina del pasado en Tokio, donde no pudo finalizar la carrera, y allí, en el horizonte, esa barrera de las dos horas que Yeman observa con una mezcla de asombro y deseo. «No tenemos límites», dice cuando se le pregunta por la hazaña de Sabastian Sawe y Yomif Kejelcha el pasado mes de abril en Londres. «Pero en mi caso, ahora no es momento de pensar en bajar de las dos horas, ya que mi marca es de 2:05. Mi objetivo es mejorar a 2:04 o 2:03. De cara a los próximos dos o tres años, y pensando en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, aspiro a convertirme en un maratoniano de alto nivel y, por supuesto, a competir contra los mejores del mundo», concluye.
Pregunta. Yeman, ¿qué sientes cuando tu historia de superación ayuda e inspira a otros?
Respuesta. Creo que el mensaje más importante es que, cuando te sientas perdido y pienses que las cosas no van por buen camino, si te esfuerzas y crees en algo, siempre hay una salida. Si persigues tus sueños, acabarás alcanzándolos. Es fundamental no desanimarse ni menospreciarse, sino seguir trabajando. Espero, desde luego, que este mensaje llegue a muchos jóvenes: eso es algo que me llenaría de orgullo.