Hace 22 años, Portugal y España se enfrentaban en la fase de grupos de la Eurocopa 2004. Ganaron los lusos con un tanto de Nuno Gomes, todavía hoy recordado por esa generación, pero la gracia, lo curioso, es que de aquellas dos plantillas sólo un hombre sigue en pie en el fútbol: Cristiano Ronaldo, en el once inicial de aquel día. Este lunes, en el AT&T de Dallas, el portugués dijo adiós a su periplo mundialista, eliminado de su sexta Copa del Mundo por la que ha sido la gran bestia negra a nivel internacional en su carrera.
Si en la Euro de 2004 Portugal venció a España y la dejó fuera del torneo continental, a partir de ahí Cristiano se vio acorralado por el ímpetu de la generación española hasta que ayer los de De la Fuente le pusieron la puntilla a su camino mundialista.
El delantero, capitán, número '7', 41 años y titular indiscutible para Roberto Martínez, llegó al AT&T de Dallas consciente de que podría ser su último partido en la Copa del Mundo, sonriendo, con gafas de sol y haciendo un gesto que ya es viral en todo internet.
Se tapó la cara con las manos y las abrió con cara sorprendida. Una acción que ha puesto de moda el rapero Drake para burlarse de otro, ASAP Rocky, porque supuestamente su mujer, Rihanna, no le apoyaba. Podrá ser casualidad o no, pero en la previa del partido contra España Cristiano ya dejó entrever el poco apoyo que tenía en algunos sectores de los medios de comunicación. «Tenéis muchas ganas de que me vaya, tranquilos. Ya llegará el día. Lo dejaré cuando yo quiera, no cuando quieran los demás», advirtió, insistiendo en que «pase lo que pase, Cristiano saldrá de aquí con la conciencia tranquila al 1.000%».
Antes de estos octavos, la selección española había sido una bestia negra para Cristiano durante casi toda su carrera. Ganó en la fase de grupos de 2004 y empató en la de 2018, pero en las eliminatorias, en los momentos más importantes, tanto él como su selección hincaron la rodilla ante España. En la Copa del Mundo de 2010 el conjunto de Del Bosque ganó en octavos con gol de Villa y en la Eurocopa de 2012, en semifinales y por penaltis, dejó a Cristiano sin lanzar el quinto lanzamiento porque antes ya habían fallado Moutinho y Alves. La bestia negra de Ronaldo.
Es decir, en las dos ocasiones en las que España se había enfrentado contra la Portugal de Cristiano en los cruces de un torneo importante, había terminado ganando el título. La única cruz tiene que ver con la última Liga de Naciones, trofeo menor en cuya final los lusos habían vencido por un error de Morata desde los once metros. Esa había sido la única luz de Ronaldo contra su vecino ibérico en los días clave.
En Dallas, como en casi todos los partidos de este Mundial, a Cristiano le costó entrar en juego. Apenas tocó balón, menos de 10 en la primera parte, no disparó entre los tres palos y fue una isla en el ataque de Portugal dentro de un partido muy equilibrado.
Roberto Martínez apostó por Joao Félix en lugar de Rafael Leao, que había jugado un gran partido contra Croacia asistiendo a Gonçalo Ramos en el tanto decisivo. El técnico español, como siempre, cantó el himno portugués después de haber reconocido en la previa que «mi casa es donde tengo la familia». Sobre el césped, dejó un ataque con Joao, Cristiano y Neto, dos delanteros de la liga de Arabia Saudí y otro del Chelsea. Un ataque que, a priori, no ofrecía las mismas garantías que el centro del campo formado por Neves, Vitinha y Bruno Fernandes, jugadores de máxima elite mundial.
Camino del tramo final, Martínez recurrió a su fondo de armario, aunque en ningún momento se planteó retirar a Cristiano a pesar de que contra Croacia su sustituto, Ramos, fue el autor del gol del triunfo. El entrenador español apostó por Conceiçao, Leao, Bernardo Silva, Dalot y Semedo, cinco cambios antes del minuto 90. Ronaldo cumplió con un disparo a puerta, pero estuvo lejos de tener alguna opción incluso después del tanto de Merino, tan en el tiempo extra.
El delantero casi llega a un centro en el último segundo, pero el pitido final le pilló con las manos en las cadera, impasible, mirando a la nada y negando con la cabeza. Saludó a sus rivales, se abrazó a Lamine Yamal y negó con la cabeza en todas las veces que le enfocó la cámara, a la que en un momento pidió que se alejara un poco.
En Qatar, hace cuatro años, se había ido caminando hacia los vestuarios entre lágrimas tras perder en cuartos de final. Parecía su final, pero aguantó otro ciclo mundialista para estar en Estados Unidos. Ahí, en Dallas, se echó a llorar cuando tuvo que saludar a la afición. No hubo camino hacia vestuarios en solitario y en silencio. Aguantó para recibir la ovación de su gente tras otra derrota contra su gran bestia negra.