A Emilio Roca Cáceres poca gente le conoce por su nombre de pila, al menos en el mundillo musical en el que se mueve. ¿Quién es Emilio? Emilio es, para sus fans, Lucho RK. O, mejor dicho, Lucho RK es ese tal Emilio. Un chico simple, de Gran Canaria, que lleva cinco años como cantante independiente (de los 26 recién cumplidos que tiene) y que se acaba de aficionar al café, aunque solo a esa típica variación de las islas, la de leche y leche que en la capital no se consume demasiado. «Aquí lo más parecido que venden es el bombón, pero no es lo mismo», explica, con paciencia. Lucho RK es el desastre, el «chicho terremoto», como le llaman en la seguridad de su hogar. El caos que piensa, siente y vibra con la música. El que desde hace menos de dos semanas se ha convertido en la cara del género urbano. El creador de Sordo de un pie, las 16 canciones que conforman su primer álbum de estudio.
Hace 14 días esa característica carátula, alusión directa a los autorretratos de Van Gogh, recorrió el mundo a golpe de scroll, y rápidamente su sonido se convirtió en el más escuchado del país, según las listas de Promusicae. No casa mucho esa imagen de desastre, de impuntual, de Dory -cómo él mismo compara- con las millones de reproducciones que ya acumula el proyecto.
A la salucha de la sede de Warner Music en la que se nos ha citado llega con tiempo. El sol se cuela por las rendijas mientras él ya espera para contar, de nuevo, el origen de este primer álbum de su carrera y por qué Sordo de un pie es la metáfora que más le identifica. Lleva ya dos entrevistas. El precio del éxito, supone. Por eso tarda algo más en contestar. Se lo piensa. No mucho, sólo lo necesario. «Es una analogía sobre la torpeza. Un amigo mío decía: 'Si el amor es una sopa, yo soy un tenedor'. En mi caso, la vida es un baile, pero uno de mis pies no oye bien», menciona. Y empapa su discurso de una naturalidad apabullante que no deja espacio a los artificios.
«Yo soy un tío bastante simple», confiesa, con el jersey del revés y una sonrisa aún adormilada sobre sus labios. «No me mola nada la película de artista. Veo números en un móvil y que todo va de puta madre, pero luego en mi vida sigue estando todo igual». El canario no es consciente de su estrellato, dice. Aún está adaptándose a una realidad que le ha estallado de bruces en la cara. «Ahora mismo acabo de dar a luz. Estoy como de posparto. Voy a dejar que todo se recoloque primero», agrega. Porque para él este primer proyecto largo ha sido como un hijo al que ha cuidado y protegido hasta entregárselo a su público: «Creo que la creación de un álbum como tal es la cosa más complicada que le puedes dar a un artista». ¿Por qué? «Porque no es como la gente piensa. No es coger 16 canciones y ponerlas bajo un título. Y a eso se le suma la presión por lo que los demás esperan del disco y lo que puedan decir de él. Casi me quedo calvo», reconoce, aunque sobre su cabeza siga habiendo un pelo fuerte y todavía le envuelva ese aire despreocupado y calmado.
Sordo de un pie nace del caos, de exprimir una idea al máximo: la de que el camino se construye a base de errores y que la perfección es aburrida. En sus inicios, recuerda, no se sentía preparado para enfrentarse a una propuesta de tal magnitud. Influyeron el azar, la suerte o el destino, ¿quién sabe? Para Lucho RK, los tiempos surgieron así, le «fluyeron». «El momento es ahora. No antes», confirma. El origen del proyecto se remonta un año y medio atrás, aunque no tiene pudor al confesar que la inmensa mayoría de canciones que atraviesan el álbum fueron creadas en menos de dos horas. «Sordo de un pie (el interludio) me costó sólo 15 minutos, me salió sola, la vomité en piloto automático», confirma. La canción, la más íntima del disco, habla del éxito y del fracaso, pero sobre todo de su entorno y del pasado.
El artista se codea con ese selecto grupo de artistas canarios que también están triunfando en la industria. Quevedo, para él, es Pedrito, y La Pantera -con quien compartió un EP en 2025 y con quien se subió a los escenarios de La Velada del Año VI de Ibai en julio- no es más que Sergio. «Ellos, al igual que mi familia, son el pilar que me mantiene con los pies en La Tierra. Son con los que me desahogo, con los que me siento yo, con los que celebro y con los que lloro». Y ahora hay mucho que celebrar. Su equipo ya le informa de que ha conseguido la «triple cima», con la canción y el álbum más escuchados en España, así como el tercer debut a nivel mundial. Números, asegura, que van y vienen, aunque ese éxito no se extrapole al resto de su vida. «Es como con las redes sociales: de cara al público solo se ve lo bueno. Hay gente en el mundo que está tocada por el dedo de Dios y todo le sale bien, haga lo que haga. Yo no soy más especial que nadie. He tenido muchas adversidades y baches jodidos a pesar de que parezca que todo me va súper chachi siempre».
"Si no fuese canario no estaría donde estoy. Tenemos una esencia distinta, más calor y pasión, y eso se nota en la música"
Al disco lo une la idea del desastre, sí. Eso ha quedado más que claro. No hace falta que el artista haga alusión al otro nexo de unión: Gran Canaria. Porque ese accidente geográfico en medio del Atlántico conforma su identidad y revela una cercanía que trasciende los escenarios. Lucho RK, con su refrescante humildad, con sus aires de novato en la industria, no duda en mencionar su ciudad natal cada vez que puede. Pequeños guiños como «la islita linda» que le ha visto crecer o eso de poner «una hora menos en el Cartier» aparecen y desaparecen entre las líneas de Querido Tiempo, otro de los temas que conforman el disco. «Para mí, mencionar Canarias es clave. Creo que si no fuese canario no estaría ahora mismo donde estoy. Tenemos una esencia distinta, más calor, más pasión, movimiento y fuego. Eso se nota en la música. No somos mejores, solo... distintos», rotunda.
El archipiélago lo lleva por bandera. No solo con sus referencias, sino con sus colaboraciones. Por eso suele cantar a dúo con artistas locales. Antes con Quevedo y, en este último álbum, con la grancanaria Daniela Garsal. La explicación, menciona, es sencilla. «Lo primero es que es mi amiga desde hace muchos años». Porque, de nuevo, la amistad parece ser el centro de su vida. Aunque no es solo eso: «También es una de las promesas de las islas y tiene una de las voces más bonitas que he oído en mi vida. Quería una voz de mujer en mi disco para darle foco al talento femenino, que a veces se pierde entre tanto hombre», añade.
El sol va calentando más y más la sala. Lucho RK repasa su trayectoria, desde ese Roces de 2021 que le catapultó hasta la casilla de salida y ahora Sordo de un pie que, indudablemente, parece haberle transportado hasta la meta. O quizá no. «¡Qué va! Si acabo de empezar», refuta. Y añade: «El disco es un muy buen primer paso y estoy contento. Pero... ¿qué es realmente la meta? Cuando empecé, mi meta era que la música me diera de comer para no tener que trabajar en otro sitio; luego, llenar una sala en la isla; luego, el Gran Canaria Arena; y ahora ya tengo la mente en el estadio. No se me llena nunca la barriga», confiesa. Emilio Cáceres es, dice, adicto al éxito, a la sensación de adrenalina que trae consigo tocar en un escenario con miles de personas, a ganar, a luchar. Pero también a caer y volver a levantarse. O así lo repite una y otra y otra vez en las letras de su disco. «Me caí y me levanté/ Le cogí cariño al suelo, al saber perder», rima.
Se va consumiendo el tiempo y aún queda un tema que tratar. Sordo de un pie (la gira) ya tiene fecha y hora. Lo que no tiene, de hecho, son entradas. Porque la magnitud de su fenómeno fue tal que se agotaron en cinco minutos. Aún faltan meses para el primer concierto en Barcelona el próximo marzo, aunque el grancanario ya calienta motores para el que va a ser su tour más multitudinario hasta el momento: «Todavía no tengo muy decidido cómo va a ser. No soy de cantar un proyecto solo, me gusta el remember. A veces, hasta toco temas que no son míos».
Lo que queda claro, de él, de su carrera, de su música, es que todo fluye. Muchos géneros, muchas canciones y muchas vivencias que convergen en este Sordo de un pie. Pero la clave es otra: «A mí me gusta sobre todo divertirme. Si algún día me dejo de divertir con esto, me quito y me meto a un curso de cocina para trabajar en un restaurante», aclara. De momento Lucho RK sigue disfrutando de su éxito, de su talento, de su isla, y sigue haciendo caso a su filosofía. Eso de que «la vida es un baile y hay que bailar hasta que se acabe la música». Aunque esté sordo de un pie.